Estivación en anfibios, una estrategia de supervivencia

Estivación en anfibios
Estivación en anfibios

¿Qué es la estivación en anfibios y cuál es su importancia?

El planeta Tierra, con su variedad de climas y zonas geográficas, les pone de reto a todos los organismos la adaptación para sobrevivir, para ello, los seres vivos han evolucionado a través de los años en todos los aspectos, morfológicos, anatómicos, fisiológicos, etológicos y reproductivos, de manera que puedan llevar a cabo su ciclo vital y perdurar a través de los años, como el tema que nos ocupa: estivación en anfibios.

La estivación, letargo o adormecimiento es un método utilizado por algunos animales para subsistir las adversidades climáticas de seguía o aumentos de temperatura, para lo cual, los animales que la llevan a cabo, como los anfibios, disminuyen al máximo sus actividades corporales, incluyendo el movimiento (de allí el nombre de letargo o adormecimiento), además de reducir el gasto energético, retener los líquidos y llevar a cabo las funciones fisiológicas básicas por acción del metabolismo de los lípidos de reserva, ya que durante esta etapa no ingieren alimentos. El significado etimológico de la palabra estivación proviene del latín y hace referencia al verano.

La estivación es una estrategia de supervivencia que utilizan no solo lo anfibios, sino otros animales muy diferentes entre sí como caracoles, cangrejos, lombrices, peces, reptiles, aves y algunos mamíferos. En animales de sangre fría o ectotermos, como anfibios y reptiles, es de importancia vital para el mantenimiento de la temperatura corporal en situaciones de extremo calor y/o sequía o en la estación de verano. La estivación en anfibios particularmente, al ser animales dependientes del agua en alguna etapa de sus vidas, situaciones de sequía pondrían en peligro su existencia, por lo cual las adaptaciones fisiológicas y conductuales utilizadas durante este proceso les permiten sobrevivir.

Características específicas de la estivación en anfibios

Durante la estivación en anfibios, y demás animales, inmovilizan su cuerpo y se quedan completamente quietos, por lo tanto, en este período no se alimentan, además de que el corazón disminuye el número de latidos por minuto, ocurre un menor consumo de oxígeno y, en general, un menor gasto energético, así como una reducción de la tasa metabólica.

Por lo general, los anfibios estivan escondiéndose en algún sustrato, bien sea el suelo o el barro y lo más común es que formen un capullo externo, pero también pueden cubrir su cuerpo con secreciones, aparte de los cambios internos que se producen. Se ha documentado que durante el período de estivación en anfibios, algunos tejidos sufren modificaciones, como el tejido intestinal, en el cual hay una disminución del grosor de la mucosa y las microvellosidades también acortan su longitud, además, los enterocitos se observan de menor tamaño, lo cual es oportuno, ya que el animal no se está alimentando.

Es muy importante evitar la pérdida de agua, sobre todo la que se produce por evaporación, ya que algunos anfibios también respiran por la piel, para lo cual deben utilizar alguna estrategia para retenerla dentro del cuerpo, en particular, los anfibios lo logran por medio de la utilización de algún método, bien sea físico como la formación de un capullo externo o por un método químico como la retención de urea.

La duración de la estivación en anfibios puede extenderse hasta por algunos meses, a diferencia de otros animales como algunos peces que pueden llegar a estivar por años.

El capullo externo como estrategia para estivar

Algunos anfibios tienen la capacidad de formar un capullo externo a modo de cubierta sobre la epidermis como método de retención de agua, este capullo está conformado por varias capas de células epidérmicas que obviamente cubren toda la superficie del cuerpo. Este recubrimiento incluye también la boca, los ojos y la cloaca del animal, pero no se produce a nivel de los orificios nasales.

Las capas que forman al capullo se producen en períodos regulares, los cuales varían según la especie involucrada, el grosor de cada capa también es diferente. Tanto el grosor como el número de capas aumentan de manera progresiva a medida que dura la estivación en anfibios.

La formación del capullo en los anfibios fue originalmente descrita por Lee y Mercer en el año 1967 en algunas ranas de la familia Leptodactyidae, posteriormente ha sido evidenciada en otros ejemplares de la familia Hylidae, en salamandras y en otras ranas africanas y de Suramérica.

Ejemplos representativos

A continuación se describe la manera de estivar en algunos anfibios.

Siren lecertina: esta salamandra sobrevive los períodos de sequía gracias a la estivación que realizan en madrigueras, donde producen un capullo epidérmico en la superficie de su cuerpo, formado por células epiteliales escamosas muertas, las cuales pueden intercambiar agua con el suelo. Aparte de esta estrategia física, S. lecertina recurre a métodos químicos para lograr su balance osmótico, como el almacenamiento de la orina diluida en su vejiga y las altas concentraciones de urea, que se han reportado pueden ser hasta seis veces más altas que en las salamandras que no se encuentran en estivación.

Smilisca fodiens: anteriormente clasificada dentro del género Pternophyla, esta rana de la familia Hylidae, es también formadora de capullo ante condiciones ambientales adversas. Su capullo está formado por células escamosas separadas por material intercelular, capas múltiples de 0,05 mm de espesor, es además transparente y sin olor.

Cyclorana: las ranas pertenecientes al género Cyclorana forman un capullo cuyas capas se forman cada dos días y tienen un grosor de 0,4 µm.

Neobatrachus: especímenes de este género forman un capullo con capas que se originan cada cuatro días y el espesor es de 0,6 µm, de esta manera evitan la desecación.

Autores consultados

– Abe, A. (1995)

– Carvalho, J.; Navas, C.; Pereira, I. (2010)

– Etheridge, K. (1990)

– Glass, M.; Amin-Naves, J.; da Silva, G. (2009)

– Ruibal, R.; Hillman, S. (1981)

– Secor, S.; Lignot, J. (2009)

– Storey, K. (2002)

– Withers, P. (1993) y (1995)